El Valle del Rin, entre negocios y leyenda

En su recorrido atraviesa el Rin diferentes países de Europa central. El río separa Suiza y Austria en su comienzo. Se pierde poco después en el lago Constanza, tras un descenso de vértigo en el Cuerno del Rin, para luego continuar con su tesón fronterizo y servir de límite entre Francia y Alemania. Se adentra entonces en la región industrial del Ruhr hasta llegar a territorio holandés, donde los diversos afluentes del gigantesco delta del Rin acaban uniéndose a las aguas del Mar del Norte.

Núcleo de históricas batallas, su cuenca constituye en la actualidad una de las zonas más industrializadas del mundo y, por tanto, de las más ricas. Se trata de uno de los ríos más largos Europa y en su mayor parte es navegable, lo cual permite el acceso rápido al Mar del Norte desde el profundo interior europeo.

Aunque los fabulosos paisajes creados por esta maravilla de la naturaleza son pródigos y fecundos en todos y cada de los países mencionados, es a su paso por Alemania donde el río se engarza con el valle y el valle con los campos de cultivo, los viñedos y los castillos, de forma tan divina que la UNESCO no pudo por menos que  declararlo Patrimonio de la Humanidad arguyendo su gran valor histórico y paisajístico.

En el valle del Rin Central, justo donde el río cruza la pizarra de la montaña Schiefergebirge, entre Bingen y Koblenz, se concreta ese valor paisajísticos en impresionantes fortificaciones ribereñas, castillos románticos que lanzan al deprimido valle del Rin sus pretéritos ecos de antiguas hazanas bélicas.

Surge en el centro de este paisaje una estrecha garganta donde sólo el río tiene espacio para fluir, profunda y escarpada ruta dominada por fortalezas y bancales de viñedos, pero también por la roca de Lorelei, que sirvió de inspiración al poeta alemán Heinrich Heine para su célebre canto épico Die Lorelei.

Esta peña ha dado, además, origen a una de las leyendas más famosas de la cultura germana, la leyenda de Lorelei. Según dicen, en tiempos antiguos, era este lugar morada de una sirena cuyo canto atraía a marineros. Éstos confundidos por tan gratos murmullos se precipitaban irremediablemente contra las rocas y morían. Hoy, esta sirena sigue contemplando desde su roca a aquellos navegantes que se acercan a esta parte del río, quizás, para recordar que el tranquilo y bello Rin también esconde sus peligros.

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Categorias: Rutas Turísticas


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