El Monasterio de Chorin, en el Estado de Brandeburgo

Monasterio de Chorin

A 80 kilómetros de Berlín, encontramos lugares maravillosos en los que pasar una bonita jornada. Lugares como el monasterio de Chorin, una abadía construida a partir del año 1273 por los monjes cistercienses de Lehnin.

A orillas del Amtsee, entre un espeso manto vegetal, lleno de frondosas copas de árboles, encontramos las ruinas de esta enigmática abadía. Su estado podría ser mejor, pero también peor; y es que si no fuera por el arquitecto Karl-Friedrich Schinkell, igual habría pasado a mejor vida.

Hay que señalar primero, que este lugar, durante la Guerra de los Treinta Años, fue cruelmente saqueado en varias ocasiones, algo que le pasó mucha factura en cuanto a sus tesoros arquitectónicos. Pero además, fue víctima de las llamas de un imparable incendio, el cual terminó conduciendo a este gran monumento al mayor de las desgracias, el olvido.

No obstante, con el tiempo, apareció la figura de Karl Friedrich Schinkell, este hombre llamó la atención del rey de Prusia allá por el año 1825, asegurando que la abadía era una obra de arte de lo más interesante, un lugar que no debía caer en el olvido y que necesitaba rehabilitación; y es que la abadía de Chorin es, nada más y nada menos, que uno de los ejemplos arquitectónicos más bellos en ladrillo de toda Alemania del Norte. Un lugar que llama la atención de los turistas, que se agolpan para conocer los muros de este templo, aunque también para otros fines; y es que este rincón alemán también está encargado de acoger uno de los festivales de música clásica más importantes del país durante el verano.

El estado actual del monasterio nos permite hacernos una idea de cómo era este gran complejo gótico de ladrillo. Así, destacamos la preciosa iglesia, una mole de ladrillos de planta basilical de tres naves con un ábside de siete capillas.

Este lugar forma parte de la red de monasterios germano-polaca, por tanto, está bastante protegido. Si bien es cierto que no todas sus partes se encuentran en un excelente estado de conservación, es posible observar algunas zonas del convento que quedan en pie y que son perfectamente visitables, como por ejemplo la residencia del abad, la cervecería o los vestigios del antiguo molino.

Otros enlaces de interés: La Abadía de Lorsch, joya carolingia

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