Jardines del castillo de Bad Pyrmont

Bad Pyrmont

Weserbergland es una región de la Baja Sajonia, de impactantes bellezas naturales y monumentales, y uno de sus rincones privilegiados es Bad Pyrmont, con sus manantiales de aguas curativas conocidos desde tiempos inmemoriales.

Estos manantiales eran famosos y desde la antigüedad existe la costumbre de arrojar monedas pues se han encontrado algunas de la época romana; sin embargo, son mencionados por primera vez en el año 1184. Su nombre parece provenir de la unión de dos palabras latinas, “petri mons”, como llamó a Petersberg el arzobispo de Colonia, transformándose en Pyrmont.

Aquí nació por supuesto la loción Pyrmont de propiedades milagrosas que convocó en el siglo XVI miles de entusiastas llegando a contarse hasta diez mil personas juntas; sin embargo, no había ninguna construcción o viviendas, solamente un amplio castillo protegido por un amplio foso, y dos pequeñas aldeas, Oesdorf Holzhausen y Bomberger.

El Castillo, que había sido construido por el Príncipe Anton Ulrich de Waldeck-Pyrmont después de la Guerra de los Treinta Años, fue el lugar de reunión de la aristocracia que llegaba para disfrutar de los baños durante más de cien años; aquí estuvieron el rey Wilhelm III, la Reina de Dinamarca, con el zar Pedro el Grande y el rey Jorge de Inglaterra, hasta la reina Luisa de Prusia a principios del verano de 1806.

En el siglo XIX otros sectores que buscaban salud, contacto social y distracción alegre comenzaron a abrirse paso entre la aristocracia; el nuevo siglo encontró a los baños de Pyrmont listos para adaptarse a las nuevas condiciones y crecientes necesidades de los bañistas.

Al mismo tiempo el castillo abrió sus jardines a los bañistas; en el siglo XVII adoptó un estilo barroco y un diseño de avenidas que invitaba a dar un paseo alrededor del foso; hasta el siglo XIX se hacen reformas y se construyen nuevas avenidas.

Actualmente, el Castillo de Bad Pyrmont es la sede del Museo de la Ciudad y sus jardines son una joya del paisajismo que figura entre los cinco parques más hermosos de Europa; aquelllas avenidas construidas en el barroco más los elementos clásicos de un jardín inglés le otorgan un encanto especial y además es capaz de contener, en un pequeño espacio, una riqueza y biodiversidad casi incalculables.

Es que en sus 17 ha el parque alberga 300 especies; lo más impactante es su jardín de palmeras, plantadas en 1903 creando un ambiente mediterráneo y que actualmente cuenta con 300 ejemplares grandes y muchos pequeños.  Para mantener su belleza y exuberante floración, cada año se colocan aquí doscientas cincuenta mil nuevas plantas.

Foto: Corradox

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