Hamburgo, la ciudad a orillas del Elba

Hamburgo

“La ciudad libre y hanseática de Hamburgo”, como su nombre original indica, formaba parte de la liga medieval hanseática y era Ciudad Imperial Libre dentro del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero además, el adjetivo de libre también se lo ha ganado por ser uno de los dieciséis estados federados de Alemania, junto con Berlín y Bremen, constituidos únicamente por una ciudad.

Sus 755 kilómetros cuadrados de superficie – dos veces y media mayor que la de Londres – la convierten en un gigante poblacional de casi 1,8 millones de habitantes y, por tanto, en la ciudad más poblada de Alemania por detrás de Berlín.

Aunque se tiende a pensar que la hanseática urbe mira al mar, lo cierto es que mira a las profundas aguas del río Elba, que ciertamente desemboca en el mar, pero a 120 kilómetros de Hamburgo.

A pesar de eso, esta ciudad cuenta con el segundo puerto más grande de Europa, por detrás de Rotterdam, un gigantesco núcleo económico que emplea unos 80.000 trabajadores, llega mover más de 100 millones de toneladas de mercancías al año y ve pasar más o menos unos 13.000 barcos durante cada una de sus temporadas. Ante semejantes datos derivados del Puerto de Hamburgo, resulta sencillo entender que esta ciudad sea conocida como el portal de Alemania al mundo.

Puerto de Hamburgo

Por supuesto, la visita al puerto no puede faltar en un itinerario turístico. A diario diferentes embarcaciones ofrecen recorridos turísticos de más o menos duración que permiten conocer la impactante zona portuaria,así como los antiguos almacenes ya en desuso.

Pero Hamburgo no sólo ofrece al mundo un impresionante aspecto mercantil, que ningún viajero se puede perder, sino también una oferta cultural con más de 40 teatros y 60 museos, así como numerosas casas de música y clubes nocturnos, preparados para ofrecer todo tipo de variedades musicales, ambientes y atmósferas.

No en vano se conoce a Hamburgo como una ciudad con posibilidades de diversión ilimitadas y extremas, que van desde el arte y la cultura más elegante y novedosa o el pintoresco orden del barrio de Blankenese, hasta la colorida y picante oferta de ocio instalada en el barrio de St. Pauli. Cada rincón tiene algo particular, algo diferente y único, que no por ello desentona con la siguiente particularidad.

Las villas a orillas del Elba, los grandes espacios naturales, los exquisitos edificios con tejados de verdinoso cobre y los más de 2.300 puentes que salvan sus numerosos canales, conceden un espectáculo único en Europa y además, con sabor a mar.

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